Se trata de un proyecto de intervención escultórica urbana, encargado por el Ayuntamiento de Málaga, en el que se han tenido en cuenta criterios de orden social, estético y conceptual-.

En el orden conceptual Espacios para desaparecer trata de aprovechar la localización, para mejor resaltar las necesidades humanas de zonas de vacío entre la alta densidad de acontecimientos que rodean nuestras vidas. El propio diseño de losas horizontales, pareadas y unidas por puentes de sandalias, nos habla de la situación compleja en la que se mueve el individuo de hoy, siempre entre esto y aquello, moviéndose entre espacios diversos y cuyo lugar de acción, cada vez más, ha de ser el límite, la frontera… el “entre”.Sobre el césped de la isleta ajardinada de la Avda. de la Aurora, Málaga, se sitúan 14 losas de caliza Capri (origen Macael). La disposición se lleva a cabo mediante pares de piedras distribuidas de manera compositiva diversa en toda la extensión prevista para ellas. Las piedras, losas horizontales de 180 x 90 x 25, se colocan sobre el suelo formando pares de distinta composición (ver esquemas adjuntos). Entre cada dos piedras se localiza, a modo de puente, un par de sandalias de bronce (de unos 20 cm de longitud, tamaño natural) que unifican cada unidad compositiva.

Al tratarse de un proyecto “site-specific” (para un lugar concreto): isleta con jardín predeterminado -césped, altas palmeras, ficus, palmas, valla metálica baja etc.- de forma triangular, con desnivel, rodeada a distancia por altos edificios, en zona comercial activa, con buena perspectiva, situada entre dos calles abiertas al tráfico rodado, amplio acerado, etc. Se ha optado por el diseño de una intervención horizontal utilizando materiales tradicionalmente resistentes a la intemperie (piedra caliza blanca y bronce) y de amplio y antiguo uso en nuestro entorno. Este diseño horizontal permite mantener la perspectiva de la zona y el vacío arquitectónico siempre de agradecer en zonas de alta densidad de edificación. Asimismo, el diseño de elementos horizontales puede permitir cierta interactividad con el ciudadano debido a que su forma invita a ser utilizado como lugar de asiento o reposo. Por otro lado, debido a la fragmentación y a la horizontalidad, aunque las dimensiones son monumentales, no supone un uso agresivo de las medidas y queda determinada la intervención por la escala humana en contraposición con los edificios adyacentes.

En el orden conceptual, Espacios para desaparecer trata de aprovechar la localización, para mejor resaltar las necesidades humanas de zonas de vacío entre la alta densidad de acontecimientos que rodean nuestras vidas. El propio diseño de losas horizontales, pareadas y unidas por puentes de sandalias, nos habla de la situación compleja en la que se mueve el individuo de hoy, siempre entre esto y aquello, moviéndose entre espacios diversos y cuyo lugar de acción, cada vez más, ha de ser el límite, la frontera… el “entre”.

Por otro lado, no sólo hablando del individuo, estos elementos horizontales nos pueden recordar también travesías de orden social en las que situaciones de marginalidad, inmigración, soledad etc., se hallan en el seno de sociedades opulentas. Su no muy lejana similitud con un camposanto puede ser un recordatorio, en medio de la ciudad, de la fragilidad de nuestras ambiciones, de la precariedad de nuestros anhelos y de la necesidad de un entramado social que nos predisponga a la colaboración social en cualquier ámbito de la vida en el que nos movamos.

En resumen, Espacios para desaparecer es un proyecto para el individuo aislado, pero también para el cuerpo social. En Málaga, una ciudad a orillas del Mediterráneo, no se debe esperar otra cosa. El Mare Nostrum está en medio y siempre ha sido un lugar de cultura y de guerra en el que se han forjado no pocos de los mayores hitos de la humanidad. Por ello, este trabajo, a manera de mar en el que flotan o navegan espacios, puede convertirse en un espacio de meditación individual o en una zona de encuentro… como la propia vida artística de la que es fruto.